Ahora Arquitectura en “Somos Malasaña”

A propósito de la degradación de la protección urbanística del Edificio España, Somos Malasaña contó con la opinión de Miguel Díaz, uno de nuestros socios:

Somos Malasaña

El Edificio España podría ver devaluada su protección para ser demolido y vendido

“Si se conserva únicamente la fachada principal el valor de conjunto será mínimo”

Miguel Díaz Rodríguez, arquitecto y miembro de la Asociación Cultural Ahora Arquitectura, valora la posible operación del Edificio España, su impacto en términos de patrimonio y el cambio de niveles de protección del inmueble.

Se trata de una modificación puntual más del Plan General de Madrid, mecanismo utilizado indiscriminadamente para realizar no sólo ajustes, también algunos cambios, como éste, que pueden cambiar el sentido de una parte importante de la ciudad.

De poco sirve que haya procesos de participación, debates, revisiones (como la actual), ideas de ciudad, etc. si a posteriori todo es modificable en un proceso un tanto oscuro, con criterios superficiales y, sobre todo, con precipitación.

En este sentido, al igual que en el Proyecto Canalejas, no se considera la escala vecinal, que a pesar de ser una zona céntrica y de referencia más allá de sus límites, es fundamental para mantener una ciudad viva, más allá de las apariencias exteriores y del “escaparate”.

Sin embargo, este concepto de ciudad espectáculo es el que parece está detrás de la degradación en la protección. Mucho tiempo después seguimos “Aprendiendo de Las Vegas” ( Izenour, Scott-Brown y Venturi, 1972) la banalización del paisaje urbano.

El edificio España (Julián y José María Otamendi, 1948-1953) es reconocible por su imponente fachada a la Plaza de España, a la moda de la monumentalidad de la época, pero es la fachada trasera donde se puede apreciar de manera más clara el concepto de rascacielos. Los volúmenes en forma de peine se pueden relacionar directamente con los grandes rascacielos americanos. Una serie de “contrafuertes”, que sustentan la fachada principal y que generan los patios necesarios para la actividad del desaparecido hotel.

Si se conserva únicamente la fachada principal el valor de conjunto será mínimo. Pero es evidente que el criterio no es éste. Tampoco sabemos el impacto sobre la vida vecinal de los posibles nuevos usos. Una vez más improvisación, un “laissez faire” que ya ha arrasado la periferia y ultraperiferia, pero que ha vuelto a la ciudad central que marginó hace tiempo para recuperar su inversión en edificios “abandonados” por ellos mismos.

Realmente nos preguntamos cuál es el papel de las instituciones. ¿Son mediadores para gestionar modificaciones? ¿Negociadores para conseguir fondos para reformar la Plaza de España a cambio de cosas que “no somos capaces de valorar”? ¿Qué ha cambiado en el Edificio España para bajar su protección? ¿Dónde está el estudio de impacto urbano? No me opongo a que el edificio tenga un nuevo uso, pero sí reclamo más dignidad y respeto al patrimonio y a la ciudadanía.