Antigua casa-taller de Patricio Romero

Antigua casa-taller de Patricio Romero (actuales viviendas) (1922-1925)

Pese a tratase de un edificio de los años 20, luce una incomparable decoración modernista que carece de precedentes y consecuencias en el paisaje urbano madrileño, donde supone una singular inserción catalana procedente del modernisme . El responsable de tan peculiar trabajo fue el arquitecto Luis Ferrero Tomás, quien lejos de su habitual eclecticismo se decantó aquí por soluciones decorativas que hasta entonces no habían formado parte de su repertorio.
Tras un azaroso proceso constructivo –con varias ampliaciones realizadas por el maestro de obras José Purkiss, que desvirtuaron las proporciones del proyecto original–, la casa-taller prevista inicialmente se convirtió en un edificio de viviendas con un local comercial en la planta baja. Aún así, el resultado final, que mantiene intactas las características modernistas del primer diseño, exhibe una fachada que destacaba por su extraordinaria riqueza ornamental y el gran protagonismo concedido a los elementos metálicos, lo que contrasta con las modestas pretensiones apreciables tanto en la disposición de la planta como en el sistema constructivo empleado.

Antigua casa-taller de Patricio RomeroNo obstante, su fachada muestra una originalidad y exuberancia completamente nuevas. Sobre una composición ligeramente asimétrica, el arquitecto recurrió a una ornamentación extraída directamente de modelos catalanes. En ningún edificio madrileño encontramos una adaptación tan notable del trencadís gaudiano, o mosaico de azulejos cerámicos compuesto por piezas irregulares que no forman motivos concretos. Aunque en este caso aparecen alusiones figurativas (estrellas o flores), la cerámica se aplica fundamentalmente como un contrapunto cromático, expresado en la combinación aleatoria de tonos blancos, verdes y azules. En el primer proyecto el trencadís ocupaba todo el friso superior, pero también se extendía a las bovedillas que sustentaban la cornisa, convertida con la ampliación en el apoyo de los balcones del segundo piso.

Igualmente novedosa resulta la magnífica rejería de las barandillas, compuesta por cestas asimétricas que combinan círculos con motivos espirales para crear una original filigrana. Las mismas trazas se emplearon en la cancela y los antepechos del piso inferior, pero actualmente han desaparecido. Por último, sobresale la aplicación de falsos arcos (por aproximación de hiladas) para configurar los vanos, recurso habitualmente empleado por varios autores barceloneses cuya obra supone una reinterpretación modernista de la tradición gótica catalana.

Todos estos elementos constituyen una peculiar adaptación del modernisme , incorporado al ambiente madrileño como una experiencia aislada y un tanto anacrónica. Se ha señalado alguna vez la vinculación de esta obra con el trabajo del arquitecto Josep María Jujol, el principal discípulo de Gaudí, pero la comparación sólo es aceptable si consideramos que estamos ante una imitación puramente superficial y decorativa, que no afecta a la estructura ni a la composición del edificio. Un trabajo así sólo es comprensible en función de la versatilidad del eclecticismo practicado por su autor, que ocasionalmente se decantó por el modernismo como una simple opción ornamental. Desde este punto de vista el edificio es un ejemplo más de arquitectura modernista madrileña aunque, por su cronología y características, constituye un cierre excepcional para el desarrollo del modernismo en Madrid.

Óscar da Rocha y Ricardo Muñoz: Madrid modernista: guía de arquitectura.