El templete del jardín El Capricho

El templete del jardín El Capricho, único en su época

¿Sabíais que el jardín El Capricho de la Alameda de Osuna alberga una construcción única? Nos referimos al denominado Templete de Baco. Esta singular obra, realizada entre 1786 y 1788 por el arquitecto José de la Ballina, presenta cinco peculiaridades que no podemos hallar, combinadas, en ningún otro templete de su época: no está dedicado a Venus ni a Cupido, su planta es elíptica y no circular, los intercolumnios de los ejes centrales tienen mayor anchura que el resto, los capiteles son de orden jónico pero el entablamento es dórico y, por último, carece de cúpula.

El templete del jardín El CaprichoEn primer lugar, y desde el punto de vista iconográfico, llama la atención que no esté dedicado a la diosa Venus o a su hijo Cupido, como sucede en la mayoría de los edificios de estas características erigidos, en muy diversos jardines paisajistas europeos, desde mediados del siglo XVIII. No obstante, conviene recordar que, en origen, el templete de la Alameda sí albergó una escultura de Venus, concretamente una «Venus de Médicis de piedra mármol», según se afirma en una tasación realizada por el arquitecto Mateo Guill en 1789. Aunque, por motivos que ignoramos, esta estatua fue sustituida a principios del siglo XIX por la actual talla del dios Baco.

Las otras cuatro particularidades señaladas son de carácter exclusivamente arquitectónico, y confieren al templete un llamativo aspecto barroco, más adecuado para un jardín pintoresco y romántico que la ortodoxia neoclásica vigente en España en aquel periodo.

En este sentido, debemos referirnos a su curiosa planta elíptica, de raigambre barroca, que no está presente en ninguna de las principales obras de este tipo que pudieron haber servido de referencia, como el templete de los jardines del Trianon en Versalles o el del Jardín del Príncipe en Aranjuez, ambos proyectados con la clásica planta circular.

Sobre el óvalo de base se alzan doce columnas de orden jónico, cuya distribución determina la tercera característica que debemos resaltar: los soportes se agrupan en cuatro tríos según la mayor anchura de los intercolumnios centrales, marcados por los ejes de la elipse, que, además, aproximan su orientación a los puntos cardinales. Estos ritmos alternantes permiten contemplar mejor la escultura de Baco y, a la vez, generan un acertado dinamismo visual (también de herencia barroca), que ofrece una imagen cambiante del edificio dependiendo del punto de vista elegido para contemplarlo.

El templete del jardín El CaprichoEn un alarde de originalidad, que constituye el cuatro rasgo singular del templete, las mencionadas columnas jónicas (con volutas) soportan un incongruente entablamento de orden dórico (con sus habituales triglifos y metopas). Estamos ante la aplicación de un criterio muy imaginativo y ecléctico, casi una libre interpretación del lenguaje clasicista, algo ajeno al rigor académico de finales del siglo XVIII.

La última peculiaridad de la obra es la ausencia de una cubierta en forma de cúpula. Sin embargo, no podemos olvidar que, en su momento, la tuvo. En la citada descripción de 1789, el arquitecto Guill asegura que el edificio estaba rematado por una cúpula “de fábrica de albañilería emplomada por afuera (…) y pintada al temple por dentro”. La desaparición de esta cubierta debió suceder en el primer tercio del siglo XIX, ya que no aparece mencionada en ningún texto posterior.

Gracias a esta pérdida, y a todo lo descrito anteriormente, el Templete de Baco ofrece una imagen que se integra perfectamente en el contexto de un jardín paisajista; un modelo de jardinería artística que tiene en El Capricho su mejor ejemplo español, y el único que resiste la comparación con creaciones extrajeras similares.

El templete del jardín El Capricho, forma parte de la ruta Un capricho de la duquesa: El jardín de la Alameda de Osuna