La integración del Ferrocarril en la Arganzuela

Desde la apertura de la primea línea de ferrocarril en 1851, se intentó afrontar por parte de la administración la dispersión de las diferentes terminales ferroviarias. Bajo criterios de ahorro de espacio y de continuidad de los servicios, se puso sobre la mesa a las concesionarias la concentración de su actividad en una única estación central. Sin embargo las compañías prefirieron seguir contando con terminales propias, pese a que las tendencias en Europa apoyaban las tesis del Gobierno.

Por tanto la solución de continuidad de los servicios ferroviarios entre las diferentes redes, quedaba en el aire. La solución vendría, en contra de los deseos redactor del Anteproyecto del Ensanche (1857), Carlos María de Castro, con una línea de contorno (1866) que uniera las estaciones de Atocha y Norte o Principe Pío.

La integración del Ferrocarril en la ArganzuelaLa idea de Castro era situar la estación de la Compañía del Norte en el barrio de Chamberí, de manera que se uniera con Atocha siguiendo el cauce del Abroñigal, evitando atravesar transversalmente el sur del ensanche. El periodista Ángel Fernández de los Ríos en su obra «El Futuro Madrid» (1868), planteaba sin embargo que la línea de contorno, no debería de limitarse únicamente para mercancías, sino también para pasajeros, a modo de tranvía.

En los años 20 y 30 del siglo XX, se vuelve a retomar la idea de una gran estación en el norte de la ciudad, en Chamartín, en continuidad con una nueva línea directa a Burgos, y con enlaces hacia Las Matas y Vicálvaro. Esta operación permitiría desmantelar el trazado ferroviario por la Arganzuela. Las obras se iniciarán dentro del “Plan de Enlaces Ferroviarios de Madrid” (Secundino Zuazo, 1932), asociado a planes de ordenación del crecimiento de la región de Madrid. Las obras no acabarán hasta finales de los años 60, sin seguir el proyecto inicial.

No será hasta los años 80, en que se afronta la necesaria reordenación de los sistemas ferroviarios e industriales del sur de la ciudad mediante la operación urbanística denominada “Pasillo Verde”. Esta intervención supuso la conversión de la línea de contorno en un corredor de Cercanías soterrado. Para sufragar los costes, se emplearon las plusvalías de la venta de los terrenos ferroviarios e industriales recalificados para usos residenciales y dotacionales.

Como conclusión se constata una característica propia de las ciudades, en la que diagnósticos planteados décadas o incluso siglos atrás, más tarde o más temprano se llevan a cabo. Más que nunca no deja de ser necesario el estudio de la historia de la ciudad, para conocer su pasado, entender su presente y planear su futuro.

Cartografía: «Anteproyecto de Ensanche de Madrid» (Carlos María de Castro, 1857), “El Plano de Madrid y pueblos colindantes al principiar el SXX” (Facundo Cañada, 1902) y Foto Aérea (Vuelo americano, 1956)

La integración del ferrocarril en la Arganzuela y otros temas forman parte de la ruta El Madrid Industrial: arquitectura para el ferrocarril