Modernismo y lagartos

Gracias a este sorprendente edificio, conocido como Casa de Lagartos (1910-1912), Madrid cueta con una genuina, aunque insuficientemente valorada, muestra de modernismo secesionista, que supone la culminación de la trayectoria creativa de su autor, el arquitecto Benito González del Valle. La obra exhibe una innegable modernidad, basada tanto en el empleo de un lenguaje modernista perfectamente coherente como en una renuncia intencionada a cualquier substrato ecléctico.

La planta del edificio está condicionada por un estrechísimo solar, que determina una superficie constreñida entre la medianería y la calle. Esto dio lugar a una fachada principal de gran longitud pero a unos alzados laterales de mínima anchura, lo que obligó a situar la escalera principal en el centro y a disponer dos únicas viviendas por piso, con todas las estancias (incluidos los baños) abiertas al exterior. Por ello fue necesario abrir un abundante número de vanos, cuya cantidad y forma apaisada están posibilitadas por la presencia de una estructura interior completamente metálica.

 

El modo en que se resolvió la fachada, muy plana y homogénea, constituye una actuación sin precedentes en Madrid. El alzado se fundamenta en criterios compositivos novedosos, que renuncian al sentido jerárquico de las plantas y al empleo de los característicos balcones y miradores, sustituidos por ventanas de avanzado diseño. Para contrarrestar la uniformidad producida, el arquitecto introdujo una serie de ritmos verticales alternando vanos diversos, los cuales atenúan parcialmente la fuerte simetría subrayada por el adelantamiento del cuerpo central.

Llama la atención la atrevida tersura de los muros, que no rompe ningún elemento articulador ni ningún ángulo o chaflán aristado, ya que todos los perfiles son suavemente curvos. Tanta estilización lineal refleja un purismo constructivo impropio de un momento en el que estaba comenzando a difundirse el regionalismo, mucho más aparatoso e historicista. Otro rasgo de modernidad es la apariencia prerracionalista de los huecos, recortados sobre el muro (sin molduras) y con los ángulos ligeramente redondeados.

Pese a todo, no estamos ante una actitud auténticamente vanguardista, ya que resulta obvia la importancia concedida a la ornamentación –bandas de esgrafiados y esculturas figurativas–, cuya presencia, entendida como un contrapunto visual, altera la impresión de tersura de la fachada, como sucede habitualmente en muchos edificios influidos por el modernismo vienés.

Respecto a los famosos lagartos, que le dan su nombre popular, conviene precisar que no son lagartijas ni salamandras ni salamanquesas, como se ha sugerido en algunas ocasiones, sino exactamente lagartos ocelados (Timon lepidus), una especie típica de la Península Ibérica. Esta clase de animales, junto con otros reptiles, fueron empleados asiduamente por los artistas del modernismo para el diseño de esculturas y joyas, aunque también están presentes en edificios tan emblemáticos como la propia sede de la Secesión en Viena.

La casa de los Lagartos forma parte de la ruta «Descubriendo Chueca» – II. del Modernismo a la Modernidad (S. XIX-XXI)