¿Por qué Agorear?

El ágora es el antepasado clásico de lo que hoy denominamos plaza, de manera muy similar, que polis lo es de ciudad. En un mundo como el de hoy, donde más de la mitad de la población mundial habita en ciudades, es necesario remarcar la importancia de estos dos descubrimientos urbanísticos de los antiguos griegos. El ágora (o αγορά) era un recinto porticado que ocupaba un lugar central en la polis, concebido de forma innovadora para albergar un uso público. Era el corazón de la ciudad, el lugar por excelencia para reunirse, comerciar y discutir de negocios, de filosofía, o de política. Por todo ello, el concepto de ágora está íntimamente ligado a aquel nuevo modo de vida “democrático”.

Tomando como punto de partida el ágora griego, se podría explicar, analizar y entender la historia de la arquitectura y el urbanismo, fijando nuestra atención exclusivamente en estos lugares públicos. Así, veríamos al forum o foro romano como una evolución del ágora, aunque adaptada a las condiciones del nuevo Imperio. A diferencia del ágora, el foro tenía una clara definición arquitectónica, y una forma generalmente rectangular, presidida en uno de sus extremos por un templo dedicado a Júpiter, el padre de todos los dioses.

Siglos después, en el caso de la medina musulmana, o núcleo urbano de la ciudad islámica, lo llamativo es la ausencia completa de cualquier heredero del ágora. Esto se debe, en buena medida, a la dureza que presentan los grandes espacios abiertos en climas cálidos, y a la concepción de una tipología introvertida de vivienda, volcada hacia un patio interior de carácter privado.

En cambio, en la ciudad medieval cristiana, la importancia del ámbito público reaparece frente a las fachadas principales de iglesias y catedrales. A finales de la Edad Media, el crecimiento de los burgos fuera de los recintos amurallados, y la pujanza de los gremios, propició el nacimiento de plazas de mercado, que en el Reino de Castilla solían denominarse Plaza del Arrabal, el germen de las posteriores Plazas Mayores, como por ejemplo la de Madrid.

¿Por qué Agorear?El hombre del Renacimiento creía en un universo ordenado y en la perfección divina. Por eso, cuando tuvo ocasión de intervenir en plazas, regularizó sus plantas, reconfiguró sus fachadas mediante la repetición y añadió elementos escultóricos que las articularán y les aportasen mayor riqueza visual. En el Barroco, el último periodo artístico que introdujo novedades destacables en la ideación de plazas, estos principios se llevaron al extremo. La mayoría de las intervenciones fueron meramente decorativas, aunque cuando se proyectaron plazas ex novo, como la plaza de la Basílica de Roma, se dio un gran salto de escala que las hizo sobrepasar los límites de la percepción humana.

De la misma manera, y aplicándolo al caso concreto de Madrid, si salimos a “agorear”, o lo que es lo mismo, a recorrer sus plazas y plazuelas más emblemáticas, observando con detenimiento las fachadas que las delimitan, los materiales que las pavimentan y las ruinas, estatuas y fuentes que muchas de ellas contienen, podemos captar más fácilmente la historia de esta villa. Os invitamos a que nos acompañéis para comprender cómo, a través de las plazas, podemos saber más de nuestra ciudad y de nosotros mismos.

El día 15 de mayo programamos la primera visita de «Agorear: de plaza en plaza por el centro». Más información en este enlace

Imagen: Perspectiva del Ágora de la antigua Atenas, extraído de “Ancient Greece, 8 Engravings” dibujado por J. Bühlmann, Agosto 1881.